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La respuesta
Esta, la debemos buscar en sus imágenes y lo que representan. Y, si vale la pena tanto esfuerzo.
En nuestra sociedad, se asocian las energías, la curación y la espiritualidad a la idea de lo redondo, “El Mandala”. Esto se debe a que estamos invadidos por una corriente creciente de mística Oriental. Ellos, los orientales nos han enseñado que los dibujos, las pinturas o la decoración, mueven energías, y todos nosotros nos lo hemos creído a pies juntillas. Nadie duda hoy en día que poner tal o cual Mandala, Buda o algún tipo de figura mágica, hace que nuestra estancia sea más acogedora, circulen mejor las energías o bien se sienta una sensación de Paz y Bienestar. Por no hablar del Feng-Shui, quien no ha adaptado una estancia de su casa según sus normas, para sentirse mejor.
Pero si quieren que les diga la verdad, no hacia falta irse tan lejos, aquí cerquita, teníamos también la solución. Nuestra cultura, y me refiero a la Occidental, también tiene Mandalas y construcciones que equilibran las energías. Acordemos sino, de la sensación de Paz que sentimos cuando entramos en una Catedral construida bajo las normas que regían los principios esotéricos de la Edad Medieval. Y esas normas y proporciones nacieron con los Egipcios, siguieron con griegos y romanos, y han llegado hasta nuestros días. La Divina proporción, el número de Oro, está presente en las Pirámides Egipcias, en los templos griegos, en Iglesias Románicas o en las Catedrales Góticas y hasta en el edificio de las Naciones Unidas de New York. También se encuentra reflejada esta proporción en pinturas de Velázquez, Durero, Miguel Angel. De éste último, su David, esa estatua maravillosa, tiene ajustadas todas las proporciones de su cuerpo, según la proporción del número de Oro o sección áurea. Es decir esa misma proporción matemática se encuentra en nuestro cuerpo, en el de los animales y en toda la naturaleza, plantas, minerales, etc. ….