
Imaginemos un país, el Languedoc, gobernado a medias por los señores feudales y la Iglesia. Aquí, esta no se preocupa por sus fieles, sino más bien por sus negocios y de sacar a los supuestos “fieles” todo lo que pueden. Tienen todos los derechos sobre ellos, cuando se mueren primero es la Iglesia quien escoge con que se queda, muebles, mujeres, casa, el resto pasa a sus herederos eso sí, después de pagar los correspondientes Impuestos. Estos, los impuestos siempre son abusivos y desproporcionados, tanto que hacen que la población viva siempre pendiente de un hilo y sometida a los caprichos por un lado de iglesia y por otro al de los señores.
En este caldo de cultivo es donde aparecen estos personajes que tantos ríos de tinta han hecho correr: Los Cátaros. Los nombre que reciben son diversos, bonhommes, albigenses, cátari o patarines en Italia..
En principio según nos cuentan las crónicas estos personajes, se dedican a la religión pero fuera de los circuitos oficiales de la Iglesia Católica. Recorren los pueblos creando escuelas, hospitales y lugares de culto. Nunca piden nada a cambio y siempre dan todo lo que pueden, enseñan y comparten sus conocimientos. De ahí que se les empiece a llamar “los buenos hombres”.
No son bien vistos por el Papa y la Iglesia romana que los tacha de herejes y emprende contra ellos una Cruzada. A ésta se apunta todos los nobles de Europa. En 209 un ejército formado por más de 30.000 hombres, entre caballeros y soldados, arrasan el sur de Francia. Una Cruzada significa bula Papal, remisión de todos los pecados y asegurarse un lugar en el cielo, además ésta “es cómoda” se desarrolla en Europa, no muy lejos de sus casas y no es un peligro amenazante, ya que los Cátaros, no son soldados. La Iglesia llama también para la Cruzada a Los Templarios, pero con excusas vanas escurren el bulto. No en vano ellos promulgan la libertad de pensamiento religioso, además algunos investigadores defienden la teoría, de que Cátaros y Templarios tenían contactos al más alto nivel, hecho que queda por demostrar.
Los templarios de hecho ya estaban en el punto de mira de la Iglesia Católica y fueron los siguientes en caer en sus garras.
No hay piedad con los Cátaros, se matan a millares, ante la duda, la consigna es: matadlos a todos, allí arriba, Dios ya distinguirá a los suyos. Estamos delante del primer genocidio de la Historia Moderna. Sólo en Beziers, fueron asesinadas más de 15.000 personas. El delegado papal se enorgullece de no haber respetado ni la edad, el sexo ola condición, cuando escribe al Papa de turno Inocencio III.
¿Quien eran los Cátaros?
¿Porqué para unos fueron “los bonhommes” y para otros unos herejes?
No voy a dar una solución, ¡Pobrete mí!, pero sí a repesar la situación histórica y Vds. mismos saquen conclusiones.